“Somos herederos de la legislación del pueblo rey, tenemos que purgarla de las manchas que contrajo bajo el influjo maléfico del despotismo”, afirmaba Andrés Bello en el discurso inaugural de la Universidad de Chile. Dicho despotismo del que temía es el que reina incipientemente en su casa de estudios, transformándola en un reducto tribal, intolerante y atrincherado en ideales cristalizados que no admiten controversia.

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