La escena del Metro invadido por miles de sujetos que saltaron las barreras para viajar sin pagar, obligando a cerrar varias estaciones, me recordó París en 1968, cuando Danny el Rojo encabezó una revolución que tuvo por las cuerdas al presidente De Gaulle, que había viajado a Alemania. Yo estaba allá enviado por «El Mercurio» a averiguar qué pasaba, y llegué a una ciudad sin locomoción, en la que sólo funcionaba el Metro gratis y atestado. De Gaulle volvió, pero a pernoctar en un regimiento, y entonces todos se tranquilizaron como por ensalmo. Finalmente convocó a un plebiscito, que perdió (¿alguna similitud con Pinochet ’88?) y después del cual hubo elecciones que ganó su ministro del Interior, Pompidou, y entonces todo siguió igual, en manos de la derecha. Lástima, acá caímos en las de Aylwin y la izquierda. Claro, la diferencia era que allá tenían a De Gaulle y acá sólo a kerenskys e izquierdistas.

Y por eso con uno de aquellos en el poder, Piñera, ahora estamos en plena revolución de izquierda, aunque no nos hayamos dado cuenta. Hay toda una región en la que reina el caos, la Araucanía, donde los atentados han aumentado en 71 % entre enero y septiembre, en comparación con el año pasado. Piñera no se atreve a poner orden, porque eso significa enfrentar a la guerrilla. La gente de trabajo protestó por la inseguridad, pero contra ella el gobierno sí mandó a los carabineros. A los terroristas que les disparan a éstos (anteayer hubo dos heridos) no pueden hacerles nada. Ha perdido tanta autoridad el presidente que quiso mandar una carta pidiendo perdón al padre de Camilo Catrillanca, muerto por Carabineros, pero éstos no pudieron entrar a la zona donde reside, Temucuicui, para entregársela, porque ya no es territorio chileno, sino dominado por la subversión. Como su admirado antecesor, Patricio Aylwin, que perdió Laguna del Desierto, Piñera debe estar diciendo también «pedacitos más, pedacitos menos». Letanía: con Pinochet no había conflicto mapuche y la etnia votaba mayoritariamente por él.

Asimismo, se perdió a manos de la izquierda el Instituto Nacional. No funciona y hasta fue parcialmente quemado por los encapuchados. Cayó otro baluarte.

Y se está perdiendo otra base del crecimiento chileno, que nos llevó al primer lugar (recién perdido a manos de Panamá) del hemisferio: el ahorro previsional,  Ahora van a dedicarlo a otras cosas. Se abrió la primera grieta en el dique, «gastos de enfermedad terminal», admitidos por Piñera. Y luego vendrán las demás. Ya Lavín está hablando de otros «casos especiales». ¿Caerá otro baluarte? Populismo puro. Dicen que van a aumentar las pensiones y permiten el retiro de los fondos que las financian. ¿Qué diría un verdadero estadista? (ya no quedan).  Que debe aumentarse la edad de jubilación a 75 años, porque la gente vive más. Igual para hombres y mujeres, lo que es un regalo para ellas, porque viven más que ellos. Sólo así habrá mejores pensiones y bien financiadas. Pero es una idea de derecha.

Y se perdió definitivamente el Poder Judicial, ya en manos de la izquierda. Ésta quiere derribar el último obstáculo que puede impedirle seguir atropellando las leyes impunemente, y no sólo las aplicables a los militares: el Tribunal Constitucional (TC). Eso es lo que significa que una sala de la Corte Suprema diga que puede anularse la sentencias del TC a través del recurso de protección. El jefe de la revolución judicial es el ministro Sergio Muñoz, que declara no sentirse obligado por el tenor expreso de la Constitución y las leyes, sino por el espíritu de éstas «vivas», es decir, por lo que él cree que deberían decir. La Constitución garantiza que contra las sentencias del TC «no procede recurso alguno», pero la sala de la Suprema sostiene que sí caben recursos contra esas sentencias. Esta vez hasta el Colegio de Abogados, cuyo silencio ante la prevaricación de los jueces contra los militares ha sido atronador, sacó la voz en defensa del TC.

Chile vive un estado de «a-juridicidad». El último testimonio de ello fue la sentencia que condenó al coronel (r) Cristián Labbé a tres años de presidio efectivo porque un individuo afirma que hace más de 45 años le aplicó apremios ilegítimos en Panguipulli. Y además la sentencia ordenó al Estado pagarle treinta millones de pesos. ¿Pruebas, prescripción, amnistía? Eso regirá en los países donde hay «rule of law», no en Chile.

La extrema izquierda, dueña de la situación, ya no deja asistir a clases en la Universidad de Chile a Polette (¿»Paulette?») Vega por ser ella de centroderecha. En esa universidad, si usted no es «antimperalista, antiespecista y anticapitalista» simplemente no puede estar. El profesor Juan Esteban Puga fue «funado» en su Escuela de Derecho por afirmar que el 11 de septiembre de 1973 fue necesario.

La diputada comunista Camila Vallejos propuso disminuir las horas semanales de trabajo a 40. Piñera se subió al carro y propuso 41. Pero el dirigente José Carreño, de los miles de empresarios panificadores, dice que ello equivale a aumentar de tres a cuatro los turnos en las panaderías y en 33 % el costo de la marraqueta. Y el de cada uno de los 42 millones de panes que diariamente comemos los chilenos. «No hay almuerzo gratis».

Es que hay pánico frente a la izquierda. «El Mercurio» debió soportar una protesta de 70 funcionarios suyos por haber aceptado un inserto pagado titulado «El 11/9/73 Chile se salvó de ser como es hoy Venezuela», con testimonios de la época. Cosas como ésa ya no las va a poder publicar más. Presa del pánico, el periódico, ex baluarte del gobierno militar, ha debido publicar sucesivos insertos gratuitos de las organizaciones de fachada de la extrema izquierda de «detenidos desaparecidos» y «ejecutados políticos», media página y un cuarto de página, respectivamente. No vaya a ser cosa que se tomen el diario o lo funen masivamente o vuelvan a secuestrar a su principal responsable… o algo peor.

Este pánico a la izquierda se extiende a la Universidad Católica, que ha terminado amonestando a su catedrático de derecho por más de 40 años, Gonzalo Rojas Sánchez, que fuera gritoneado insolentemente por un alumno tras una clase el año pasado y quien le pidió excusas después. Pero cuando el alumno se dio cuenta de cómo viene el naipe en Chile, resolvió ¡iniciar acciones contra el profesor y éste ha terminado sancionado por la UC! tras un más que indebido proceso. Es el pánico reinante ante la izquierda.

Señores de izquierda, por favor pasen a hacerse oficialmente del poder, pues ya lo tienen y sólo no se han dado cuenta.