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Revolución Comunista Subsidiada por el Estado (BLOG)

Revolución Comunista Subsidiada por el Estado (BLOG)

«Como bancada del Partido Comunista respaldamos las llamadas ‘evasiones masivas’ convocadas y desarrolladas por estudiantes y ciudadanos ante el alza de la tarifa del Metro de Santiago. Son acciones legítimas de desobediencia civil, una expresión de reclamo acumulado ante el aumento continuo del precio de los servicios básicos, que han encarecido el costo de la vida, especialmente en los sectores más vulnerables». 

Ahí está la huella digital, la confesión de quiénes están detrás del conato revolucionario. ¿Quién ha promovido esto? Todos, de izquierda a derecha. El Estado, con el respaldo de todos, ha subsidiado generosamente esta revolución comunista, llenando de dinero a los revolucionarios y persiguiendo inmisericordemente a las fuerzas del orden que fueron llamadas a derrotarlo en su intento de tomarse el poder entre 1970-73 y que debieron derrotar también a sus grupos terroristas ampliamente financiados y pertrechados desde el exterior entre 1973 y 1990, afortunadamente vencidos por nuestras fuerzas armadas y carabineros, que a su vez resultaron derrotados en la posguerra dialéctica y judicial habida desde 1990 hasta hoy.

¿La civilidad? En su peor expresión moral. Cuando ha pasado el peligro ésta, toda, de izquierda a derecha, se ha rendido ante la retórica comunista y la ha hecho propia. «Una mentira mil veces repetida pasa a ser verdad». Hoy día mismo, un columnista de «El Mercurio» a quien conocí siempre como partidario del Gobierno Militar, se muestra tan virado mentalmente al extremo que escribe en ese diario: «Eso me ha hecho sentir desde hace mucho una culpa horrible con respecto a las innumerables víctimas de la dictadura. Porque lo moralmente correcto era, en ese momento, cuando la podredumbre había aflorado, estar con ellas a cualquier costo, tener la valentía ética que exige ese pensador antiguo, una valentía que no tolera otra conducta que no sea un rechazo activo».

Aquí tenemos los dos ingredientes de la revolución comunista en curso: la justificación de su violencia subversiva presente y el olvido de la pasada; y la anulación ética de la respuesta ciudadana legítima, que fue, para empezar, la que convocó a los militares a actuar, estimulados por Aylwin y Frei y, para qué decir, los líderes de la derecha, por cierto, el 11 de septiembre de 1973. Como testimonio el inserto de «El Mercurio» publicado el 11 de septiembre pasado, que remeció a un país desmemoriado y que ese diario seguramente nunca más se va a atrever a volver a publicar, amenazado, como lo está, por los rojos de su interior y de su exterior.

Pues el país entero no sólo ha dejado que una dictadura roja le imponga su versión y se apodere del Poder Judicial, sino que ha sido coautor activo de la persecución a los militares y la entrega millonaria de recursos a la subversión. El principal presentador de querellas contra uniformados ha sido Sebastián Piñera en su primera y administración. Él ha saturado Punta Peuco, tras cerrar Cordillera. Con su concurso se han acumulado los 6.200 millones de dólares (otro Transantiago) en pagos compensatorios a la extrema izquierda y él aparta  (Subsecretaria de Justicia y DD. HH.) para los próximos cinco años un total de dos mil millones de dólares anuales más. Y eso sumado a las millonarias compensaciones acordadas por las Comisiones Rettig y Valech. Se ha estructurado una clase revolucionaria millonaria roja que se siente acreedora moral del resto del país e impune para cobrar cien mil pensiones de falsos exonerados que se llevan otros cientos de millones de dólares anuales, oficialmente proclamados como «víctimas» por la rendición de un comandante en jefe del Ejército que culpó a su propia institución de «todos los hechos punibles y moralmente reprochables del pasado» (2004) y con perspectivas multimillonarias para el futuro, pues se acaba de condenar a tres años de cárcel a quien fuera un joven teniente en 1973 con sólo el dicho de un acusador rojo que sostiene haber ido torturado por él hace más de 45 años y a quien se le premia con una indemnización de 30 millones de pesos, violando todas las bases del derecho penal de todos los tiempos. Se inventa delitos nuevos («lesa humanidad») para juzgar a uniformados ya juzgados y absueltos; se les mete presos sin respetar las leyes ¿y se pretende que ahora planten cara a la revolución roja subsidiada por lo mismos que persiguen y persiguieron a sus antecesores?

El país no tiene autoridad moral para trasladar ahora el peso de lo que debería ser la reacción normal de un régimen jurídico democrático ante un conato revolucionario comunista, porque el país condenó a los mismos que llamó ya una vez a rescatarlo y ha premiado multimillonariamente a los subversivos, haciéndolos dignos de la compasión nacional.

La revolución de ayer fue subsidiada y estimulada por el Estado, y fue motivada por los grandes inculpadores de los uniformados, Aylwin, Piñera y Cheyre. Y ha sido moralmente absuelta por todos los chilenos de nula memoria y escasa personalidad que «se han dado vuelta la chaqueta», han alterado la verdad del pasado, han condenado a quienes los salvaron y subsidiado y premiado a quienes intentaron subyugarlos. Esto está sólo comenzando, Cualquier interrogado sospechoso de terrorismo entre 1973 y 1990 hoy es pensionado como presunto torturado y está preparando una querella para acusar a un militar (r), tal como lo ha hecho el que acusó a Labbé y lo tiene condenado, además de prepararse a recibir 30 millones de pesos. La clase revolucionaria subsidiada por el Estado se multiplicará numéricamente en el futuro próximo. El desincentivo a las fuerzas de orden se está acentuando y acentuará. El espectáculo de los carabineros en fuga ante los violentistas, sabedores de que si disparan serán condenados, anuncia que todo esto sólo irá para peor.

¿Qué esperaban los chilenos? ¿Que si llenaban de plata a los rojos, condenaban a los uniformados y acogían moralmente la retórica comunista, la ley y el orden iba a prevalecer? No. Lo previsible era lo que vimos anoche, que viniera la revolución, que los uniformados, escarmentados, no se prestaran para servir otra vez de carne de cañón. Chile se lo buscó y eso es lo que tiene hoy. Y por eso debemos prepararnos para lo peor.

Fuente: http://blogdehermogenes.blogspot.com/

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