Osvaldo Rivera Riffo

‘Un hombre sin libros es un cuerpo sin alma»
Ciceron


Como una característica personal de cada columna comienzo con una referencia histórica dicha o realizada por un hombre trascendente, de esos que hubo en abundancia en el pasado y que hoy escasean sin remedio, imposible de encontrarlos fácilmente. Las artes plásticas, la literatura, la música, la historia, los héroes y grandes políticos llenan páginas y páginas de la historia universal. Seguramente pensaron en su tiempo en el enorme aporte que hacían a la civilización sin siquiera imaginar que en los siglos venideros el hombre, en vez de ser más culto y refinado, más sensible y altruista, se convertiría en un bestia endemoniada marcada por el odio, la vanidad, la frustración, la envidia y tantas otras expresiones que indican la naturaleza actual de un número no menor de ciudadanos de este país y de otros.

Fiódor Dostoyevski entre sus cuatro novelas cumbres tiene una titulada Los Demonios o, en su traducción literal, «Los endemoniados» descrita por los críticos como una sátira social y política, un drama psicológico y una tragedia a gran escala. Escrita en el tercer tercio del siglo 19, cuarenta años antes del comienzo de las revueltas bolcheviques en la Rusia zarista, la historia trata de una célula revolucionaria que pretende romper con los cimientos de la sociedad burguesa. Sin duda es un ajuste de cuentas del autor contra el liberalismo, contra el nihilismo, contra los totalitarismos, contra el anarquismo. Es una visión futurista frente a los hechos que devendrán en el futuro y se le considera un profeta, ya que predijo una revolución para Rusia, como nunca había habido en el mundo.

En resumen, refleja el conflicto entre los ideólogos y los revolucionarios, entre los intelectuales de las más diversas vertientes, moderados o radicales, con el deseo inalcanzado del pueblo.

Describe en sus líneas una profunda grieta que separa a los intelectuales del pueblo. De esas baratijas intelectuales que gustan de la charlatanería que a diario vemos y escuchamos en cada medio de comunicación, sin proponer nada a cambio y en la mayoría justificando el estallido social, incluyendo en ello un análisis burdo de comportamiento psicológico, para revestir de algún peso al entorno simplón del panel del matinal.

Sin duda que a todos aquellos pocos ilustrados de este país (que desgraciadamente son la gran mayoría) les parecerá pretencioso citar a uno de los grandes de la literatura para referirme a los problemas de Chile, pero si se tuviesen en cuenta esta lecturas y principalmente por parte de los políticos, comprenderían que desde hace más de un siglo que se viene demostrando que los pueblos se sostienen en la medida que defienden sus identidades, sus formas de ser, sus tradiciones, los principios de su civilización y que son la barrera natural para oponerse a las ideas extranjerizantes con las que nos quieren invadir.

Este es el mensaje que desde el más allá que nos entrega Dostoyevski al releer su gran obra «Los Endemoniados», porque es endemoniada la acción que hoy nos hacen vivir los que hoy gritan y destruyen en nombre de la ilusión revolucionaria.

Por eso no olvidar, sobre todo los opinólogos y periodistas, que una lectura provechosa requiere tres condiciones principales:

“Intención”, “Atención” y “Retención”; todos verbos exhortativos. A ver si aprenden y comunican mejor.