Cristián Labbé Galilea

Algo recuperado del estupor que me causó “la borrachera de odio, anarquía y violencia” del viernes 18 de octubre, trato de descifrar con dificultad lo que está pasando. Mis reflexiones apuntan a que: estamos “ciegos” en materia de seguridad; los atentados terroristas fueron realizados y coordinados por expertos; las fuerzas policiales fueron sobrepasadas, y; el estado de emergencia y las fuerzas militares trajeron tranquilidad.

Con ese diagnóstico y mi siempre optimista mirada, después de una semana en que las opiniones iban y venían, pensé que todo iría para bien. Habíamos sido testigos de “una catarsis” la semana después de los atentados terroristas. En un ambiente festivo y pacífico (con excepciones) se reunieron todos los que tenían algo que reclamar: minorías sexuales, religiosas, políticas, sociales, gremiales, etcétera… ¡Todos marcharon, todos tenían algo que decir!

Sin embargo, una vez más me había equivocado, la cosa no terminaba ahí, desde todas partes se hablaba de los nuevos tiempos… “Chile despertó, la cosa está empezando”.

No hay salud para ver y escuchar lo que se dice en los medios audiovisuales, radio y tv; por eso me concentré en leer “las más razonables y variadas plumas” que opinaban sobre los últimos acontecimientos. Mi sorpresa fue mayor cuando comprobé que se hablaba con todo desparpajo e ignorancia sobre la necesidad de cambiar el “modelo país” y que el camino era una… asamblea constituyente.

Me pregunté si quienes así opinan y quienes repiten insulsamente esos sentires, entienden lo que eso significa. Me pregunté: ¿sabrán que “la constituyente” no es otra cosa que un grupo de individuos que simboliza “al pueblo ejerciendo su autoridad de mandatario”, y que tienen la facultad de legislar para establecer un nuevo orden político, y para fijar las nuevas líneas de la organización del Estado?

En palabras simples, ¿sabrán los de “hablar fácil” que la asamblea constituyente rompe la estructura institucional actual para configurar un nuevo modelo de organización del Estado y de sociedad?… Me temo que no.

Más claro aún, ¿entenderán que no se trata de enmiendas constitucionales como las que hoy están radicadas dentro de las funciones del parlamento, sino que se trata de transformaciones radicales, orientadas al cambio de la estructura institucional básica? Me temo que no.

En definitiva, estamos hablando de palabras mayores; no creo que todos los que hoy legítimamente abogan por cambios en nuestro modelo político institucional estén dispuestos a echar todo por la borda y volver a un sistema que nos limite las capacidades para el logro de nuestros sueños de libertad y realización.

Sin caer en alarmismos o catastrofismos, siento el deber de alzar una “alerta republicana” a las personas sensatas de mi país, con el término universal de alarma: ¡MAY DAY…. MAY DAY! (léase “mei dei”), llamado que se usa cuando una embarcación, avión o vehículo se encuentra en peligro inminente o en grave riesgo, ya sea por fallas en los sistemas o por surgimiento de condiciones adversas… como creo que es lo que estamos viviendo.