30 DE OCTUBRE DE 2019

Siempre que la izquierda se hace cargo, el país pierde valor. Al término de los mil días de Allende, el país estaba peor que Venezuela hoy. Como decía el propio Allende, quedaba «harina para pocos días más».  A la inversa, después de Pinochet y su revolución militar de derecha, Clinton le escribía a Frei Ruiz-Tagle, en los noventa, que Chile era «la joya más preciada de la corona latinoamericana». Pero hoy la mayoría de los chilenos glorifica a Allende y aborrece a Pinochet. El que tiene la estatua más destacada frente a La Moneda es el primero. Y, sobre todo en estos días, Chile sigue siendo el país que describía un norteamericano residente en los años 40: «Cuando está a punto de salir del subdesarrollo, se pega un balazo en el pie». En eso estamos ahora.

Vi un  video de unos haitianos que en una mañana reciente terminaban de limpiar la estatua de Baquedano. Horas después una horda de chilenos volvieron a dejarla imposible. El Metro era un orgullo de Santiago. Pues las hordas lo quemaron. Vi un video de un elegante hotel-boutique de Plaza Italia, el «Principado de Asturias». Ingresaron unos sujetos y les dijeron a los empleados y pasajeros que salieran, porque en veinte minutos lo iban a incendiar. Quedó el video en que aparecían los incendiarios sacando mobiliario fino y cuadros del hotel y arrojándolos a una fogata en el exterior. A una cuadra había un pelotón de carabineros que no hacían nada, seguramente para no ser acusados de atropellar los derechos humanos. Resignados pasajeros extranjeros abandonaban el hotel con sus maletas, huyendo del anunciado incendio, que al final no tuvo lugar. Pero la imagen del «Principado de Asturias» saqueado dio la vuelta al mundo y entonces el mundo cancela todas sus reservaciones para viajar acá. Ruina del turismo. La marca «Chile» se deprecia.

La gente pobre es la que más sufre, porque no puede desplazarse a trabajar ni tiene reservas de alimentos y vituallas, pues le han quemado o saqueado los supermercados cercanos, y debe pagar más caro por los artículos de primera necesidad. Añora a Pinochet. ¡Y dicen que éste es un «estallido social» de los más pobres! Éstos habrían estado locos si lo hubieran llevado a cabo. Periodistas y políticos de izquierda monopolizan la televisión y dan una versión completamente parcial y errada de los hechos, como si se hubiera planteado una «gran demanda ciudadana» por parte de una mayoría. No hay tal mayoría. Ni siquiera el millón doscientos mil que salió a desfilar, increíble y civilizadamente, el otro día, es una mayoría, porque 16 o más millones de chilenos restantes, perplejos, no salimos a desfilar y nadie sabe lo que pensamos. Yo he predicho reiteradamente que si hubiera una eleccíón próxima la ganaría el candidato más parecido a Pinochet, pues todo el país sabe que él controlaba a las hordas saqueadoras, incendiarias y terroristas y los actuales gobernantes no y menos los de izquierda. Garantizo que en la próxima elección presidencial va ganar la derecha, porque la inmensa mayoría de la gente, de los 16 o 17 millones que no desfilamos, quiere orden y tranquilidad, y para eso tiene que haber mano dura contra los delincuentes y terroristas, cosa que no hay y que garantizan menos que nadie el centro y la izquierda.

¿Que hay problemas sociales? Por supuesto. En el país hay 400 ¡400! programas sociales estatales que cuestan miles de millones de dólares anuales. ¿Saben ustedes qué proporción de ese enorme gasto estatal llega a los pobres efectivamente? El 40 por ciento. Lo acabo de oír en un audio del ex ministro de Hacienda Rolf Lüders, que ha estudiado y conoce como nadie el tema.

Luego, como siempre, el problema de Chile, como el de todos los países, es el Estado, confirmando la conocida frase de Reagan que aseguraba que el Estado no iba nunca a dar la solución a los problemas, ¡porque es EL problema!. Y así es también en Chile hoy. Por eso he repetido que si el gasto social les llegara a los más pobres, ¡no habría pobres! La gente debería salir a desfilar civilizadamente para privar al Estado, es decir, a la burocracia, de los privilegios que tiene, y así solucionar los problemas de los pobres. Y, naturalmente, también debería desfilar para condenar la dictadura judicial que no aplica las leyes y tiene a más de 200 Presos Políticos Militares y les ha dado a los subversivos de extrema izquierda U$6.200 millones de dólares en los últimos decenios, y aumentando. Si toda esa plata, entre ella la que anualmente se les regala a cien mil falsos exonerados políticos, fuera a los pobres, éstos no serían pobres. Pero nadie desfila por eso, sino justamente por lo contrario: destruir la iniciativa privada que provee todos los recursos para que el Estado los dilapide, destinándolos, entre otros, al terrorismo de extrema izquierda que es justamente el que ha saqueado e incendiado al país en estos días y nos ha puesto al borde de la recesión.

¿Dicen algo de esto los panelistas de la televisión? Por supuesto que no. Dicen que hay que dictar una nueva Constitución y su principal objetivo es facilitar la privación de su propiedad privada a quienes más tienen, que son a su turno los que hacen el 80 % de la inversión que posibilita el crecimiento económico, de donde salen todos los recursos para el Estado y que éste dilapida, pues el 60 por ciento es para la burocracia y el resto para indemnizar a los terroristas del pasado y a los cien mil falsos exonerados. Mientras los conductores de la televisión claman por que «haya más igualdad», quedan en vergüenza cuando se revelan sus propios sueldos, que son de cincuenta y hasta cien veces el salario mínimo y que no quieren por ningún motivo ver rebajados al nivel del promedio, como sería la perfecta igualdad que predican.

¿»Estallido social»? Nada de eso. solamente la misma izquierda de siempre, que destruyó al país ya una vez y quiere volverlo a hacer.

Fuente: http://blogdehermogenes.blogspot.com/