Pedro Muñoz Seca, dramaturgo español de derechas, fue fusilado por orden del jefe comunista Santiago Carrillo durante la República, en 1936. Como era hombre de humor, les dijo a sus captores: «Me habéis quitado mi cartera y mi reloj. Pero hay algo que no me vais a quitar jamás: el miedo que tengo». Así lo relata Luca de Tena en su libro «Mis Amigos Muertos».

Lo he recordado hoy porque Chile vive una insurrección comunista y la ex derecha chilena, tránsfuga del Sí, tras haber abrazado el No a Pinochet sobornada por el plato de lentejas que le ofreció Piñera, está en el mismo estado de pánico, entregando todo y con sólo una seguridad: nadie le va a quitar el miedo que tiene.

El periodismo de izquierda le ha arrebatado hasta sus medios de comunicación, ahora controlados por periodistas zurdos o que, si no lo son, de puro miedo se hacen como que lo son. ¡Y la Carmen Hertz, cabecilla comunista de la insurrección, reina en los medios y les echa la culpa de todo a todos los demás! Según ella, no hay revolución comunista, sino «malestar social» provocado por el sistema de libre mercado, lo que ha provocado un «estallido social». Pero nada de esto es verdad, sino sólo una mera consigna. Lo malo es que la mayoría de opinión la ha comprado y contra eso no hay nada qué hacer.

Hasta la gente de empresa acoge la tesis y se cree culpable, cuando lo único que hay es una insurrección violenta que ha incendiado el país, dado que no hay un gobierno capaz de garantizar el orden público. Véase lo que dice Rosario Navarro, vicepresidenta de una empresa tecnológica, Sonda, y consejera de la Sofofa. Sonda ha estado  dedicada a producir, crear empleos y riqueza, es decir, puro bienestar social, por muchos años. Pero su vicepresidenta se cree culpable de haber creado malestar: «Muda, estupefacta, en silencio. Así he estado en estas últimas semanas. Con un sentimiento profundo de dolor por la ceguera de no haber visto y no haber empatizado con el malestar generalizado, a pesar de todas las señales de evidente descontento, y pido perdón por eso» («El Mercurio», 01.11.19).

Pero su única culpa radica en comprar consignas de la izquierda. Es el mismo estado de ánimo de la mayoría de los chilenos. Sin embargo, si hubiera malestar social, los verdaderos culpables del mismo no sería la libertad de los mercados, sino el Estado y la izquierda, que es la dueña del Estado.

Muchas veces he escrito antes que si en Chile el gasto social que financiamos los contribuyentes se les entregara directamente a los más pobres, no habría pobres. «He ahí la madre del cordero». Lo que sucede es que el 60% del gasto social queda enredado entre las manos de la burocracia de izquierda.

El ex ministro de Hacienda Rolf Lüders escribe en «La Tercera» del 01.11.19, usando cifras de la Dirección de Presupuestos: «…(si) simplemente se divide el gasto fiscal total por el número de familias de los dos deciles de ingresos más bajos, se descubre que corresponde a unos ¡dos y medio millones de pesos por familia al mes!»

Es decir, si la burocracia no se quedara con la mayor parte del gasto social no habría pobreza, porque el 20 % de las familias más pobres del país recibiría dos y medio millones de pesos al mes y sería gente más rica que pobre. Pero la misma izquierda no sólo se queda con el grueso del gasto social, sino con las pensiones vitalicias a treinta mil supuestos torturados por haber sido alguna vez interrogados en razón de sus lazos con el terrorismo, más los 160 mil supuestos «exonerados políticos», cien mil de los cuales son falsos (reconocido por su presidente socialista). Y la misma izquierda controla una dictadura judicial que mantiene a 200 presos políticos militares y 1.300 querellas adicionales ilegales, de las cuales emanarán miles de millones de pesos en indemnizaciones y muchos más presos políticos militares.

La mayoría que objeta el modelo también está consiguiendo la «argentinización» de la economía chilena a través de tarifas subsidiadas, impuestos más altos y una reforma constitucional cuyo solo propósito es debilitar el derecho de propiedad para poder confiscar mejor, en un futuro gobierno de izquierda, empresas y bienes de particulares.

La izquierda ha logrado que el modelo de sociedad libre sea repudiado por la mayoría. Este gobierno es sólo un «pato cojo» que accede a todas las consignas de aquélla, pues si no le incendia el país. Piñera ha confesado ante el mundo, al renunciar a la APEC y a la COP 25, su incapacidad de garantizar el orden público, de modo que ante cualquier violencia accederá a lo que sea.

En otras palabras, ahora, y con gran apoyo mayoritario, Chile se jodió de verdad. Fuente: http://blogdehermogenes.blogspot.com/2019/11/ahora-si-que-se-jodio-chile.html