Osvaldo Rivera Riffo


«Fiarse de todo el mundo y no fiarse de nadie son dos vicios. Pero en el uno se encuentra más virtud, en otro más seguridad. «
Ceneca


En lo que ha transcurrido del periodo 2018/2019 hemos vistos hechos sintomáticos de pánico producto de la falta de convicciones políticas.

Digo pánico ya que observando el nicho de asesores que rodean la autoridad se nota con meridiana claridad la carencia completa de análisis crítico y por cierto que no lo pueden tener, si son muchachitos provenientes de los nichos de la élite social y que por primera vez entraron al mundo del trabajo y nada menos que en el Palacio de Toesca, donde el poder está a la mano.

Carentes de conocimientos de historia, de lenguaje cívico, de teoría política y de fundamentos filosóficos, encontraron un espacio donde hacerse útiles y nada más y nada menos que servir de policía política, escarbando en lo único  que manejan, las redes sociales, para ver si tal o cual autoridad tuvo una palabra que pudiese incomodar sobre todo a la izquierda marxista. También buscan todo deshecho periodístico -esos que se escriben con la pluma del odio y del resentimiento-, para correr donde sus patrones a mostrar su descubrimiento.

En tanto, sus patrones o jefes acusan rápido recibo de TAN sesudo análisis y actúan en consecuencia descartando la inteligencia, la capacidad y los principios y valores políticos de cualquier candidato, aunque éste esté ad-portas de su designación.

¿Pero alguien podría decir quien conforma la Stasi moral de la Autoridad?

Son muchos los casos ocurridos cuyo procedimiento ha sido el descrito. Sin ir más lejos, se acaba de confirmar con uno de los ministros del nuevo gabinete, que a última hora hubo de ser cambiado, por haber escrito un twitter que a la Stasi le pareció inconveniente.

Esta Stasi debiera saber que las reglas deben aplicarse para todos y en ese caso les recomiendo leer la historia, de seguro se encontrarán con tamaña sorpresa y, de paso, aprenderán que no es muy conveniente escupir al cielo…

Pero así hemos llegado a casi el fin de la segunda década del siglo XXI con unas generaciones completamente equivocadas, sin rumbo seguro y con líderes de poca monta incapaces de guiar sus pasos.

Hoy, como lo dije en otra columna, para muchos importa más pasear al perro y que la autoridad les transforme las plazas en caniles, con el compromiso de que los usuarios levanten del suelo sus caquitas… Qué lindo país, los animales en prioridad uno. Para discutir problemas de fondo, primero preguntan si uno es  vegano y anda en bicicleta, entonces y recién entonces, adquieres la autoridad moral para comenzar la conversación. 

Esta es la juventud que hoy llama a solucionar los problemas. Ciudadanos cuyos padres tienen la enorme responsabilidad de no haber sabido formarlos y educarlos  adecuadamente y/o, también, de no haber sido capaces de advertir y contrarrestar la que ha sido la más flagrante concientización conocida en la historia de Chile, por parte de profesores altamente ideologizados, tanto en la educación básica y media como en la universitaria, partiendo por la distorsión absoluta y grosera de la historia patria y la transmisión de conceptos y visiones propios de la utopía izquierdista . Bueno, no seamos tan drásticos con los padres, quizás los verdaderamente responsables sean los líderes políticos de la centro-derecha que no fueron capaces de ver con tiempo esta embozada acción concientizadora y denunciarla públicamente.

Pero el resultado está a la vista. Cegados por intolerancia, la prepotencia, la carencia de civismo real y patriótico, nos han conducido a las puertas del abismo.

Y sin freno a la corrupción moral, los pseudo líderes de la centro-derecha hacen de las suyas tratando de congraciarse con la izquierda. Felipe, como ahora le gusta que lo llamen al ideólogo de Evopoli, un partido que se podría definir como los “progres” de ¿derecha?, se olvidó de su eslogan «los niños primero» y sacándose la careta y aprovechando el pánico nacional, votó junto a la izquierda marxista aprobando el proyecto que entre otras cosas restringe la Patria Potestad de los padres. Por su parte Allamand, el que otrora fuese una señera luz en la defensa de la libertad y que con el tiempo y sus constantes zigzagueos políticos, que ni siquiera terminaron en su travesía por el desierto, perdiendo una vez más su norte, secundó con su abstención la aprobación de la iniciativa… ¡La Patria Potestad en manos del Estado!

Ahí los tienen, retratados de cuerpo entero. Qué ejemplo de liderazgo, qué valentía moral para defender las raíces de una sociedad libre. Con su acción se sumaran las voces que los sindicaran como los sepultureros de Chile Vamos.

Se me viene a la mente un profundo pensamiento de Benjamín Franklin: «cualquier sociedad que renuncie a un poco de libertad para ganar un poco de seguridad no merece ninguna de las dos cosas»