Desde luego despertó la chusma saqueadora, los ciudadanos con instintos depredadores que aun no se habían avivado lo suficiente y sólo robaban a escondidas, tímidamente, una golosina de vez en cuando desde los estantes de los supermercados. Despertó el país que soñaba con la idea de que había un gobierno y acaba de percatarse de que no existe.

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