Piñera se rindió a la izquierda violenta. Terminará haciendo lo que ella dice. A la cabeza de la subversión están, como siempre, los comunistas. Todos sus yanaconas, estilo Heraldo Muñoz, Álvaro Elizalde y Carlos Maldonado; los «tontos útiles» Jackson y Boric, y el infaltable kerensky, Fuad Chahín, todos impulsando la revolución roja representada por AC, Asamblea Constituyente, lo mismo que usaron Chávez, Maduro y Evo Morales para hacerse del poder, aunque a este último lo hayan logrado echar ayer.

Si Chile no se alza ante la rendición incondicional de Piñera a la violencia comunista, la sociedad libre colapsará y no tendremos salida, porque AC triunfará, pues el pueblo está engañado. Sólo repite consignas y la mayoría las cree. Le han dicho que si hay AC los sueldos subirán, los precios  bajarán, habrá educación gratuita y de calidad y atención de salud de primera para los pobres. y que para eso se debe despojar a los ricos y repartir la plata más igualitariamente. Es decir, la receta comunista tradicional, que creíamos que se había extinguido al caer el Muro de Berlín.

Piñera se ha rendido tal como lo hizo Chamberlain ante Hitler, porque no tiene pantalones para enfrentar la violencia terrorista. Pero, tal como Chamberlain, «se ha humillado para evitar la guerra, pero tendrá la humillación y también la guerra», según le dijo Churchill..

Todos los supuestos frutos de la AC son falsos, pero es el mismo mensaje de que es la «gran solución» que ha comprado Piñera, que es otro «compañero de ruta» de los comunistas. Son frutos falsos porque el Estado y el gobierno tienen, hoy, demás, los recursos para que los pobres mejoren sus ingresos, tengan buena educación para sus hijos y mejor atención de salud, junto con más igualdad de ingresos entre los chilenos.

He repetido una y otra vez una verdad certificada por el ex ministro de Hacienda Rolf Lüders: si el gasto social fiscal contemplado en el Presupuesto se le diera directamente al 20 % de las familias más pobres de Chile, cada una tendría un ingreso mensual de dos y medio millones de pesos, es decir, no sería pobre sino que pasaría a ser del sector acomodado que hasta debe pagar impuesto global complementario.

¿Por qué no sucede esto? Porque una burocracia de izquierda se queda con el 60 por ciento del gasto social a través de 580 programas estatales que no cumplen su tarea, pues sólo sirven para que tengan «pegas» los clientes de los partidos políticos de izquierda. Eso es lo que debe terminarse.

Igualdad: si cada familia pobre tuviera dos y  medio millones de pesos mensuales no sería pobre y Chile pasaría a ser un país más igualitario que la mayoría. ¿Por qué no se puede hacer esto? Porque los políticos que manejan el país, ganan sus votos dando «pegas» a los apitutados que se quedan con el 60 por ciento del gasto social fiscal.

Los que piden AC son los que se quedan con la plata que debería ir a los pobres. Si además estos pudieran captar la plata fiscal que se destina a cien mil falsos exonerados de izquierda y se terminaran los privilegios en pensiones, educación gratis y salud gratis que los extremistas obtuvieron de las comisiones Rettig y Valech, desaparecería la pobreza de nuestro país. Pero una complicidad tácita y antigua de Piñera con el comunismo impide que esas rectificaciones se hagan. Y ahora Piñera se ha rendido públicamente a la violencia de extrema izquierda, entregando la Constitución, el pánico se ha apoderado de toda la ciudadanía honrada, el dólar llegó a 800 pesos y la  Bolsa de Valores se ha desplomado. Ha sufrido la humillación y no ha evitado la violencia.

Pero Chile ya no pude resistir más la complicidad de Piñera con la extrema izquierda, que quiere llevar a un pueblo engañado por eslóganes falsos a establecer la AC que precedió a Chávez, Maduro y Evo Morales.

Aquí el primer paso consiste en conseguir que haya un Presidente que restablezca el orden público y termine con los saqueos, incendios, asaltos y bloqueos de rutas. Pero ni las Fuerzas Armadas ni Carabineros puede hacerlo, porque ya una vez lo hicieron y la izquierda se ha vengado, con la complicidad activa de Piñera, y han metido a todos los uniformados presos. Luego, los únicos que podrían enfrentar la violencia con sus armas no lo hacen porque les esperaría la cárcel. No le creen a Piñera ni a las garantías que éste podría ofrecerles. Ya los engañó antes. Nadie confía en él.

La única salida que tiene Chile hoy para evitar perder su democracia por la vía de la AC y terminar como Venezuela o Bolivia, que también tuvieron sus AC antes de perder sus democracias, es que haya un gobernante creíble para las FF. AA. y Carabineros y que les garantice que no serán víctimas de la venganza comunista.

Por eso Piñera debe nombrar ministro del Interior a José Antonio Kast y enseguida renunciar a la Presidencia, dejando la vicepresidencia en manos de aquél, para que pueda ofrecer garantías a las Fuerzas Armadas y Carabineros de que si enfrentan al terrorismo violentista con los medios de que disponen no serán objeto  de la venganza de los jueces rojos y las querellas del propio Piñera. En esa forma se pacificaría inmediatamente el país.

Si después se consigue que el gasto social fiscal llegue integro al 20 por ciento más pobre, habrá una inmediata sensación de bienestar y pacificación social. Y con el orden y la redistribución del dinero fiscal volverá la prosperidad económica y, estoy cierto, en la elección presidencial que deberá tener lugar noventa días después de la convocatoria tras la renuncia de Piñera, la mayoría silenciosa de los chilenos votará por el orden, la prosperidad, la sociedad libre y la democracia, y recuperaremos la tranquilidad pública, la estabilidad y la libertad que hoy están tan gravemente amenazadas.

Fuente: http://blogdehermogenes.blogspot.com/