Hay una antigua historia de la India sobre la imprevisibilidad de la existencia. Un rico terrateniente era padre de un hijo al que adoraba y dueño de un pony que era lo más preciado por ambos. Cierto día el pony desapareció y padre e hijo cayeron en un mar de lágrimas de pena y dolor. Estaban en lo más hondo de la depresión cuando el pony regresó, acompañado de una estupenda yegua árabe. Entonces padre e hijo ya no cabían en sí de felicidad. Pero después el segundo, montando la yegua árabe, tuvo una fea caída y se quebró una pierna. Padre e hijo volvieron  quedar sumidos en la desgracia. Estaban sufriéndola cuando llegaron a su casa unos agentes de la oficina de reclutamiento para enrolar al hijo en una guerra. Pero éste se libró debido a su pierna quebrada. Posiblemente así salvó su vida y entonces padre e hijo de nuevo no cabían en sí de felicidad. Moraleja: en la vida nunca sabemos qué va a ser para bien o para mal.

Los chilenos normales ayer estábamos desolados por la destrucción del país por los vándalos rojos y porque se había caído en la trampa de la Asamblea Constituyente, idea comunista que ha llevado a otros países como Venezuela y Bolivia a la pérdida de la democracia. Ayer pensábamos que la perspectiva era ominosa, porque las encuestas señalaban un respaldo mayoritario (absolutamente irracional) a la AC. Pero hoy hemos despertado con la noticia de que en abril habrá un plebiscito en que se preguntará a la ciudadanía si vota Sí o No a una nueva Constitución y, en seguida, cómo estará integrado el ente que la preparará y propondrá al país. Este plebiscito es hoy inconstitucional, así es que deberá haber antes una reforma constitucional para llevarlo a cabo.

En todo caso, es una excelente noticia, porque en abril es seguro que la gran mayoría cuerda del país, la de los 16 millones que nos quedamos en la casa cuando un millón doscientos mil salían a la calle golpeando cacerolas, se habrá dado cuenta del desastre que provocó la revolución comunista conducente a una AC y votará mayoritariamente No a la idea de cambiar la actual Constitución.

Hace 24 horas nadie habría podido predecir que el sentido común, la sociedad libre y el bien futuro de la patria iban a tener en abril semejante pingüe ocasión de recobrar la razón perdida, sobre todo habiendo visto el desastre que han provocado en la economía, la vida diaria y la tranquilidad de las personas la insurrección marxista y la perspectiva de que los totalitarios gobiernen.

En particular, de aquí a abril hay tiempo suficiente para que una gran mayoría de los chilenos se compenetre de que los recursos para satisfacer su reclamos de insuficiencia material ya están en manos del Estado, pero los capturan los políticos y sus clientelas electorales. Demasiadas veces he repetido que si el gasto social fiscal se enviara en un cheque-voucher al 20 % de las familias más pobres del país, cada una tendría dos y medio millones de pesos mensuales de ingreso para vivir más que satisfactoriamente y en Chile no habría pobres. Además, esa medida conduciría a hacernos un país con una de las más igualitarias distribuciones del ingreso.

Reitero que el No tiene una altísima expectativa de triunfar, sobre todo si el actual Presidente designa en Interior a una persona con atributos para mantener el orden público y presenta su renuncia por incapacidad absoluta de garantizarlo, siendo ésta una de las dos misiones fundamentales de un Presidente (la otra es la defensa de la soberanía). Con el orden público garantizado podríamos encontrarnos con que, en pocos meses, se podría recuperar la tranquilidad interna y la certidumbre económico-social que tan severamente han castigado al país, generando un retroceso productivo, US$35 mil millones de dólares de disminución del patrimonio bursátil, 300 mil empleos perdidos y depreciación de la moneda. Todo ello provocado por el vandalismo, desórdenes, incendios, saqueos y bloqueos de calles y carreteras, debido a que se ha privado a la fuerza pública de autorización para usar los medios para reprimir la barbarie, y por el anuncio de nueva Constitución a partir de una «hoja en blanco».

Henos aquí, entonces, saliendo de la depresión y llenos de esperanza, formando parte de un No mayoritario que nos volverá a unir con todos los que se habían fugado del antiguo Sí y plenos de optimismo, por tener una razonable certeza de que en unos meses más el país habrá dejado atrás la pesadilla y la incertidumbre, estará  gobernado por alguien capaz de mantener el orden público y diciéndonos esperanzadamente que «la alegría ya viene».

Fuente: http://blogdehermogenes.blogspot.com/