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Quo vadis Sebastian

Quo vadis Sebastian

Osvaldo Rivera Riffo


En su estrategia, Gramsci a diferencia de Marx atribuía una gran importancia a la superestructura: “No es cambiando las relaciones económicas como vamos a hacer la revolución, sino cambiando la superestructura [y nosotros agregamos, cambiando por ende también el ordenamiento jurídico] es decir, creando ante todo una nueva hegemonía que transforme la sociedad; luego vendrá la conquista del Estado, pero ésta deberá pasar por la transformación de la sociedad civil en la que el Estado se apoya».

Y con suma habilidad, Gramsci sabe que ningún Estado asegura su gobernabilidad si no cuenta con el apoyo de la sociedad que, en el caso del gramscismo, ha sido previamente transformada y que exigirá, ya subvertida, que el Estado cumpla con lo que le pida. En la realidad, cuando ocurre algo parecido a esto, el Estado, reflejo de un partido único -con un ejército como el que sueñan los políticos de izquierda y otros de centro derecha- estos se eternizan en el manejo del Estado y los actos de gobierno siempre acaban en fechorías. ¿O no?

Veamos pues como una protesta de vociferantes marxistas, organizada nacional e internacionalmente ha cambiado el eje del gobierno, llegando al límite inaceptable de que un grupo de reconocidos izquierdistas son convocados por Piñera para reformar a Carabineros.

El ministro Blumel lo anuncia por twitter sin siquiera atreverse a enfrentar al país, cumpliendo fielmente lo que le indica su patrón.

Pero vamos al fondo del asunto, no hay duda que las acciones del «Presidente» una vez más apuntan a la destrucción de las FFAA. Poner los derechos humanos de un grupo de miserables violentistas por sobre el interés nacional, es simplemente “sentarse” en el Estado de Derecho

Recuerdo el año 1993, caminaba por la Plaza de San Fernando pidiendo votos para José Piñera, quien representaba el pensamiento de una sociedad libre, y destacando las ventajas del modelo neoliberal .Ahí, en un descanso, uno de los integrantes de esa jornada comentó lo siguiente: “Por ahora todo el proceso de la puesta en marcha de la democracia se ve tranquilo, el problema lo veo a futuro, con el tipo de políticos que intentarán hacerse con el poder. Nosotros como equipo, tenemos que mantenernos unidos y seguir luchando más allá del resultado de esta elección presidencial. Nuestro norte debe ser impedir que alguna vez Sebastián sea presidente de Chile».

Todo el viaje de regreso a Santiago me dio vuelta en la cabeza ese duro mensaje. La historia y el destino torció la mano a ese sano consejo y Sebastián ha sido dos veces Presidente. Quien expresó dicha frase, conocía muy bien el andamiaje valórico del personaje, por ese entonces Senador. Y yo, que estaba muy pero muy lejos de su planteamiento político, al igual que el 56% de los electores terminé votando por él en la última presidencial, convencido de que elegiríamos al mal menor… ¡mi arrepentimiento no conoce fondo!

Por desgracia las palabras proféticas escuchadas en la plaza de San Fernando se hicieron realidad y ha sido el ejemplo viviente de hipocresía política, ejemplo de maldad institucional. Ejemplo histórico del desprecio por el pueblo. Ejemplo insufrible de egocentrismo, falta de inteligencia emocional, arrogancia extrema y finalmente algo que todo Chile entiende: «rotería».

Si, esto último es lo cometido con Carabineros, con sus altos mandos y con todas las familias de ese grupo humano que por casi 90 años han sido orgullo nacional. Creó una comisión tal como la propuso Gramsci, para gratificar al pseudo estado vociferante y así no sólo congraciarse con la izquierda sino que además intentar conseguir el apoyo necesario para terminar su gobierno.

Puede terminarlo Sr. Piñera, pero ya está inscrito en la historia: el único presidente de Chile que burló a las FFAA, que burló la confianza del pueblo. El único que agónico patalea entre los salones de la moneda intentando que alguien más, aparte de su fiel Blumel, lo escuche.

Con sólo el 10 % de aprobación ciudadana se oye en los rincones de palacio una voz que pregunta:

«Quo vadis Domine»

Y un pequeño coro canta

«Roman vado iterum crucifigi»

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