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Fin de una era

Fin de una era

Tomas Bradanovic


 La izquierda anda acorralada en todo el mundo, respondiendo a las derrotas electorales con toda la violencia que les permiten sus medios. Esto es algo que espanta a los que son timoratos y creen que se va a terminar el mundo cuando venga el «cáncer marxista», yo que los conozco hace rato no les tengo ni pizca de miedo y veo con alegría lo que pasa. Están preparando su propio entierro.

El último golpe -durísimo- lo recibieron con la paliza electoral de Boris Johnson en Reino Unido, con eso se les fue al tacho de la basura toda la narrativa construida por décadas, que los que se oponían a la Unión Europea eran los viejos, incultos y poco sofisticados, los que se habían dejado arrastrar por el «populismo». Escuché ese cuento al Villegas hace como un año atrás y me asombraba que alguien que parece sensato y bien informado se lo hubiese comprado. La verdad es que lo de Inglaterra se veía venir, era cuestión de tiempo.

El progresismo viene contando esa historia épica sobre si mismos desde hace décadas y durante mucho tiempo la gente la compró. Ellos eran los sofisticados, los artistas, intelectuales, eran el futuro y los que no estaban con ellos eran los reaccionarios, incultos y zafios destinados a pasar al olvido. Con ese cuento se instaló el consenso social demócrata desde fines de la Segunda Guerra Mundial.

Pero desde hace algunos años empezó primero su decadencia y ahora ya vemos el derrumbe. Durante décadas la social democracia donde quiera que gobernó instaló el crony capitalism, la alianza de empresarios con políticos para robarle al estado. Los políticos hacían los contratos y los empresarios que los ganaban recibían las coimas. Así fue con Clinton por ejemplo, uno de los presidentes más ladrones, pero es algo que empezó mucho antes. Para que hablamos de América Latina.

Ahora apareció Donald Trump y lo tiene locos. Hay que reconocer que el tipo no es Mr. Simpatía, pero sus políticas económicas llenas de sentido común como bajar los impuestos, pararle el carro a China y retirar las tropas de conflictos ajenos, que solo servían para enriquecer a los contratistas ha dado resultados espectaculares. Y no hay nada en el mundo que enfurezca tanto como el éxito de alguien que detestamos, ese si que es un motor poderoso de frustración.

Por eso están locos tratando de destituirlo o por lo menos de dañar su imagen con las audiencias del impeachment. En vano, están haciendo el ridículo porque no tienen material para la acusación y toda esa charada sobre el asunto de Ucrania solo predica a su propio coro. Es tan absurdo escucharlos hablar de moral, de ventajas indebidas  y de procedimientos cuestionables, siendo cada uno de ellos rey de esos mismos chanchullos. Predican con ese moralismo típico de las putas retiradas, claro que ellos todavía no se retiran, lo que hace más bizarro todo el espectáculo.

Al consenso social demócrata lo está destruyendo su propia hipocresía. Dicen indignados que Trump tuvo negocios y relaciones con la mafia de la construcción ¿se les olvidó que toda la familia Kennedy tuvo estrechísimos lazos y abundantes negocios con la mafia? Si han habido un presidente mafioso en Estados Unidos, ese fue John F. Kennedy, y su pade Joseph que hizo la fortuna contratando para el estado en tiempos de guerra. En fin, para que seguir, esa clase de hipocresía descarada es la que los está destruyendo.

Se muere la social democracia en todo el mundo. Los liberales progresistas en Estados Unidos, los payasos posmodernos de Europa y en América Latina -siempre con retraso pero los seguimos inevitablemente- vamos hacia donde mismo. Hoy son sinónimo de ladrones e hipócritas, tuvieron que pasar muchos años, pero ya les llegó la hora.

Y lo que se asustan con los estertores de los anarquistas y pajarracos raros por el estilo yo les digo: no sean gallinas. No tienen ninguna fuerza y -acá en Chile al menos- cuando por fin se vaya el tipo miserable y cobarde que tenemos a cargo esto se va a arreglar con una facilidad que los a a dejar sorprendidos. Está terminando una era y lo que vemos ahora son los dolores de parto nada más. Y ni siquiera son muy fuertes.

Fuente: https://bradanovic.blogspot.com/

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