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Oh, Juventud, Odioso Tesoro

Oh, Juventud, Odioso Tesoro

La mesa de Unidad Social es, a partir de 2019, la entidad que agrupa a la mayor cantidad de organizaciones y movimientos gremiales. Con una estructura muy rudimentaria y pese a su breve historial, actúa como un avezado conglomerado político, y tiene la potencia y el fervor de convocatoria que le faltó a la CUT para sobrevivir por sí sola: terminó siendo succionada por aquélla.

En los tiempos en que el ámbito de los trabajadores no conocía de privatizaciones, las Confederaciones y Federaciones afiliadas a la CUT representaban el 80% del mundo laborante. Sus manifestaciones públicas, de la mano del legendario Clotario Blest, eran tan multitudinarias como de temer.

Impulsada por el Frente Amplio, la mesa de Unidad Social no demoró en sumar afiliados naturales. Dice agrupar a 38 organizaciones, pero su fuerte lo constituyen algunos Colegios profesionales, la salud municipalizada, el liberalismo femenino,  la administración pública –cuya ANEF se desinfló definitivamente- y la irrestricta subordinación estudiantil de los más variados colores del extremismo y del anarquismo.

La mesa de Unidad Social, tras el Golpe del 18/O, fue la primera en exigir la renuncia del Presidente de la República como una de sus varias condiciones para acoplarse a los llamados a la  paz social.

El Gobierno -¡era que no!- llamó a su directiva a dialogar. Antes de asistir a la cita, sus dirigentes, en una desafiante demostración de disidencia, concurrieron a palacio con sus ojos parchados, en alusión a los balines de carabineros y con poleras con leyendas políticas. Se limitaron sólo a entregar una lista con sus petitorios –exigencias, más bien-, las que nunca fueron respondidas: el Ejecutivo es consciente de que es la mesa de Unidad Social la que está detrás, y sigue estándolo, de las vandálicas movilizaciones.

La multigremial, como se define, oficializó el fin del diálogo con el Gobierno, un diálogo que nunca existió, y anunció que en enero y febrero mantendrá las manifestaciones callejeras y que en marzo convocará a una huelga general.

Este cronograma de violencia callejera, y en particular el paro nacional en marzo, no constituyó una sorpresa para nadie, ni para el Gobierno que no cesa de advertir que “con la mantención de la violencia se ponen en peligro la institucionalidad y la paz social”, como si ésta existiera.

Todo lo malo y negativo que se pronostique en materia de alteración del orden público puede resultar insuficiente al tenor del ritmo de los acontecimientos concertados por la izquierda. Evidencia de ello fueron las acciones acordadas por la Asamblea de Estudiantes Secundarios para impedir primero y bloquear después la rendición de la PSU. Por considerarla una expresión de “desigualdad”, la instancia que agrupa a los violentistas de liceos emblemáticos, exigió  su anulación y reemplazo por el ingreso a las universidades sólo mediante los promedios de nota: su propuesta fue una oda a la desigualdad, al dejar a 9 mil alumnos al margen de la opción de acceder a la educación superior.

En respuesta a la negativa del Consejo de Rectores, arremetieron con tomas de sedes de, atacaron algunos establecimientos, acosaron físicamente a los postulantes, rompieron los facsímiles, filtraron la prueba de Historia, provocaron temor en las salas repletas de estudiantes, se enfrentaron a los apoderados e instalaron barricadas para obstruir el acceso a los aspirantes a las universidades. Su devastadora acción originó que casi 100 mil  inscritos no pudieran rendir su prueba.

Paradojalmente, los propios interesados en rendir la prueba consensuaron estar de acuerdo con las movilizaciones, revelación que no debe extrañar, porque es precisamente la juventud escolar y universitaria el sostén del vandalismo callejero. En un gran número pertenecen a los mismos cuadros de extremistas expertos en la fabricación de bombas, que incendian y queman sus propios establecimientos y que hicieron imposible que el año escolar 2019 se terminase.

La AES –estudiantes secundarios- y la CONFECH –universitarios- son el gran soporte de la mesa de Unidad Social y se potencian por su nexo con el Colegio de Profesores, donde residen los principales causantes de la ideologización y odio de los alumnos contra el sistema.

Una profesional ejecutiva de una compañía de seguros de vida con residencian en Melipilla relató, casi con congoja, que la profesores de su hija de 11 años le dijo al curso que “todos los países debieran tener Gobiernos comunistas, porque son los más justos y democráticos”.

No sólo éste, sino todos los Gobiernos desde 1990 a la fecha, han vivido y viven  la demoniaca intolerancia de una juventud marcada por la violencia que conocieron a prematura edad en sus propios hogares, amplificada luego por el adoctrinamiento ideológico del magisterio a su cargo.

Un dato relevante lo entregó el SERVEL con motivo de las solicitudes de traslado de domicilios para votar en el plebiscito constitucional. Las 364 mil peticiones corresponden a personas entre 18 y 26 años, esto es, en edad de cursar estudios superiores.

Los solicitantes  modificaron sus direcciones de inscripción en el SERVEL para poder sufragar en las ciudades sedes de sus universidades. Se trata de la numerosa población flotante de alumnos que se desplaza lejos de sus respectivas residencias permanentes.

Este tercio de millón de votantes no se tomaba, en las elecciones anteriores, la molestia de viajar a sus lugares de residencia familiar gracias al respaldo de la no obligatoriedad de hacerlo. Aunque para el plebiscito del 26 de abril rige igual dicha norma, la izquierda ha convocado al máximo de sus huestes, y en especial a los jóvenes, para aportar al SÍ, lo que, como se sabe, es el tránsito a un sistema totalitario.

El adulto no está masivamente presente en el vandalismo callejero y, por el contrario, ha asumido una posición de gran cautela, recogiéndose temprano y esquivando las innumerables dificultades impuestas por los revoltosos para dificultarles su libre desplazamiento. Los mayores trabajan, madrugan, se transportan y tienen que financiar mes a mes su sustento y el de su familia. Los jóvenes, no: ignoran lo que es pagar una cuenta de servicio básico, aunque sí saben hacerlo para una juerga o para consumir milígramos de cocaína.

Chile cambió, y para mal, y ello  gracias, fundamentalmente, al rápido deterioro y degradación de su juventud, la que hasta tiempo atrás alguna vez fue denominada “divino tesoro”…

Fuente: https://www.voxpress.cl/single-post/2020/01/12/Esta-semana-OH-JUVENTUD-ODIOSO-TESORO

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