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Sobre la propiedad privada.

Sobre la propiedad privada.

Jorge Muñoz

Todos los izquierdistas, hayan o no leído a Marx, en el fondo de sus negros corazoncitos odian la idea de la propiedad privada, pese a ser un Derecho Humano consagrado en la Declaración. En todas las revoluciones, desde la francesa, la soviética y, en fin, allí donde se implantaron regímenes marxistas, se desató una ola de robos, perdón, quiero decir expropiaciones, de bienes de todo tipo, no sólo las propiedades de los “enemigos de clase”, sinó también de bienes institucionales de los regímenes derribados.

En la Segunda República española, está documentado el envío de las reservas de oro del Banco de España a Stalin, así como, una vez se dieron cuenta de su derrota por los Nacionales, próceres socialistas y comunistas fundieron las monedas de la Colección Numismática Nacional, saquearon las Cajas de Ahorro y Monte de Piedad (donde los más pobres empeñaban sus joyas y anillos de compromiso), se adueñaron de cantidad de obras de arte y huyeron con este botín a México.

Más reciente, se puede conseguir en internet una detallada cronología de las expropiaciones de Hugo Chavez que han llevado a este país al estado en que se encuentra. Estoy seguro que hay datos similares de la mayoría de regímenes totalitarios.

Si elevamos el análisis a aspectos aparentemente menos delictivos, tenemos el afán sistemático y contumaz de subir los impuestos (una forma de robo legal, según Javier Milei), cada vez que las izquierdas llegan a gobernar por procedimientos democráticos. También, yendo un paso más allá, cabe preguntarse si la hegemonía comunicacional de la izquierda no es también una forma de expropiar la posibilidad de los electores de contrastar libremente las candidaturas y programas políticos, cuando hay elecciones. 

Por último y ya a niveles si se quiere filosóficos, de lo que no cabe duda es que las estrategias y tácticas de adoctrinamiento de las izquierdas planetarias no son otra cosa que un robo o expropiación de la libertad de pensamiento y de expresión, con el agravante ―penal, porque yo diría que es una forma de abuso infantil― de que se suelen ejercer sobre menores de edad, muchas veces sin el consentimiento de los padres, es decir expropiando la patria potestad de los mismos.

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