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El Mortal Virus del Entreguismo

El Mortal Virus del Entreguismo

Entreguismo (def.): Condición que afecta a un número incontable de chilenos que, por temor o estupidez o ambos, acceden a lo que demandan el comunismo o su entorno, apenas éstos les hacen ¡buuu! (¡Buuu!, es verdad, incluye el peligro de asesinato, como en los casos de Edmundo Pérez Zujovic y Jaime Guzmán.)

El entreguismo nos tiene, como país, donde estamos: embromados. Pero nos puede llevar a una situación peor, en caso de que triunfe el «Apruebo» en abril. Ahí usted va a ver el dólar a luca, la Bolsa (IPSA) en menos de 4 mil y más gente yéndose o sacando su plata para que no se la roben los del ¡buuu! Y la masa mayoritaria cada vez más pobre.

No es que el triunfo del «Rechazo» nos vaya a dejar mejor, porque el país seguirá casi dos años más bajo el desgobierno de Piñera, es decir, sin autoridad ni orden público y haciendo lo que los rojos dicen. Pero siempre es preferible vivir mal con un horizonte de esperanza que vivir peor sin ninguno, como sería si los rojos, además, ganaran el plebiscito. La última esperanza está en que, pasando el tiempo, en 2022 pueda asumir otro gobierno, que restablezca el orden y deje de hacer todo lo que dicen los comunistas y similares, como éste.

El problema de fondo es que en Chile siempre ha habido demasiados entreguistas. Usted tiene ahora mismo a Lavín, el político más popular y de derecha, supuestamente, pero entregado al otro bando y jugado por el «Apruebo». Empezó con síntomas de esa enfermedad en 1999, cuando estaba a punto de ser Presidente, casi ganando a Lagos, al confesar sin previo aviso que se había cambiado del «Sí» al «No» y que «si hubiera sabido», habría votado «No» en 1988. (Lo que «no había sabido» eran meras consignas comunistas sobre el gobierno militar).

El mayor entreguista de todos, con la posible excepción de Patricio Aylwin y Juan Emilio Cheyre, ha sido Sebastián Piñera, quien en su discurso celebratorio del «Acuerdo por la Paz y una Nueva Constitución» del 15 de noviembre (documento epítome del entreguismo) también se pronunció implícitamente a favor del «Apruebo». 

El Intendente de Santiago, Felipe Guevara, asimismo, se entregó y publicó su voto a favor del «Apruebo». Pero el que más sorprende de todos los entreguistas recientes es el Alcalde de Santiago, Felipe Alessandri, quien, sorprendentemente, motejó a la Constitución actual de «espuria» ¡siendo que uno de sus artífices fue el insigne miembro de su familia, Jorge Alessandri!

Todo lo anterior aparte de que, si de verdad la Carta hubiera sido originalmente «espuria» (que no lo fue) ella se habría saneado con la ratificación del 90 % del pueblo en el inobjetable plebiscito de 1989, acordado por gobierno y oposición; y más aún después de 2005, cuando Lagos proclamó que ella era «una Constitución democrática, acorde con el espíritu de Chile, con el alma permanente de Chile. El nuevo texto constitucional –remachó– se pone a la altura del espíritu de todos los chilenos y hoy el país se une tras este texto constitucional».

Bueno, no es raro que todo eso se le olvide a Felipe Alsessandri cuando también se le ha olvidado a Ricardo Lagos. Es que los entreguistas son así, tanto que a Aylwin en 1993 se le habían olvidado hasta sus declaraciones grabadas en video de 1973, como cualquiera puede comprobar en YouTube. Pues aseguraba que nunca había dicho lo que había quedado registrado veinte años antes.

Claro, el peor entreguismo de todos ha sido el de las actuales fuerzas armadas, que se han hecho cómplices pasivas, con su silencio, de la persecución vergonzosa, ilegal e inconstitucional de los jueces de izquierda contra sus camaradas del sector pasivo a quienes cupo derrotar por las armas a la «primera línea» terrorista entre 1973 y 1990. 

La gente que algo entiende en Chile, una pequeña minoría, por cierto, esta pasándolo muy mal y teme pasarlo peor en los siguientes dos años. Pero supongo que una mayoría ciudadana va a reaccionar en 2021 y va a votar por volver a lo que ahora se ha perdido, es decir, la mejor época política, económica y social del país en su historia, que debemos a la Constitución y al modelo económico-social vigentes.

En todo caso, ¡ánimo! No hay mal que dure cien años ni menos un país tan tonto que los resista sin curarse del virus letal del entreguismo y librarse de todos los entreguistas.

Fuente: http://blogdehermogenes.blogspot.com/

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