Chile: los idus de marzo

Los Idus de Marzo deben ser enfrentados con rigor, con disciplina, con dureza.

Tan extraviados, conmovidos y enfermos han quedado los chilenos después del asalto incendiario de su barbarie castrocomunista desatada a partir del 18 de octubre del 2019, tan abrumados por la capacidad destructiva carente de todo sentido nacional de sus jóvenes estudiantes y las nuevas generaciones protestatarias —de primarias a bachillerato, de clase baja, clase media y clases altas, capaces de devastar sus estaciones de Metro, sus comercios emblemáticos, sus modestos abastos y almacenes, sus escuelas e incluso sus parroquias e iglesias, aterrorizando a su perpleja, ignorante y sorprendida élite política, incluido un mandatario náufrago en sus diez años de soledad— que aún no terminan las vacaciones de verano y ya tiembla el establecimiento político con lo que cabe esperar del terror estudiantil reciclado a partir de la reapertura de escuelas, colegios y universidades. Marzo y la vuelta a clases se han convertido en la imagen de lo temido. Son los Idus de Marzo.

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