El eco de Rebeca Matte

Osvaldo Rivera Riffo
Director Fundación Voz Nacional


«¡¡Basta de silencios!! ¡Gritar con cien mil lenguas! porque por haber callado, el mundo está podrido!»
Santa Catalina de Siena


A raíz de lo sucedido en el GAM y las consecuentes declaraciones de las autoridades de dicho espacio, como las del subsecretario de cultura y políticos afines, he buscado información y preparado un resumen que sirva de referencia para argumentar al respecto ya que atendiendo al clamor de una inmensa mayoría de chilenos desilusionados y desencantados de los partidos políticos y de sus políticos me he dado a la tarea de recoger las mayores inquietudes y situaciones que afectan al chileno común que las siente y  las observa, pero que no puede verbalizarlas adecuadamente.

Me he basado en un trabajo publicado hace un tiempo por Raúl Tristán en El Economista, quien aborda con extremada claridad el impacto de los ideologismos.

En esta columna de opinión he resumido los aspectos más relevantes señalando los problemas que de verdad afectan a la sociedad chilena y que los políticos fundamentalmente de centro derecha y socialdemócratas han ignorado, de igual forma como lo han hecho en el viejo continente. Me refiero al Marxismo Cultural.

Estas ideas derivan de la teoría marxista de la historia (materialismo histórico) evolución dada a través de la disciplina de la historia por historiadores marxistas.

En ella se plantea que en cualquier sociedad, esta puede dividirse en tres épocas: sociedad antigua, feudal y capitalista. Esta fue la idea original de Marx, pero sin embargo la filosofía cristiana pre-marxista de la historia ofrecía un patrón similar. Época del placer, sufrimiento y salvación.

La diferencia esencial radica en que la filosofía cristiana se mueve bajo la dirección de un impulsor principal: Dios.

La teoría marxista de la historia también se mueve por un impulso llamado “fuerzas materiales de producción”: estas son en tiempos feudales la tierra y en la época capitalista la fábrica o los bienes de capital los cuales reemplazan al siervo feudal, con el obrero asalariado capitalista.

Esta teoría produce lo que se conoce como conciencia de clase con todas sus contradicciones (dialécticas) que terminan en la lucha de clases.

A ello se agrega el concepto determinista de la historia que conduce al triunfo del proletariado sobre la burguesía, llamado socialismo sin distingo de comunismo.

Hoy en día este planteamiento de la historia ha sido desestimado por la mayoría de los historiadores incluso marxistas no ortodoxos. Sin embargo a partir de las diversas alteraciones del análisis marxista de clases aparece la definición de Marxismo Cultural

E.P. Thompson el padre del marxismo cultural, modifica la teoría de clase de Marx, destacando los elementos culturales de la clase proletaria: Su conciencia, en lugar de estar afectada por fuerzas económicas como lo decía Marx, está también afectada por factores culturales y religiosos. Es este énfasis sobre el papel de las ideas o la moralidad popular lo que se ha llamado marxismo cultural “la conciencia de clase o la manera en la que se gestionan estas experiencias en términos culturales encarnados en tradiciones, sistema de valores ideas y formas institucionales”

Pues bien, en este planteamiento se encierra sin duda la pérdida de un debate racional sobre los diversos aspectos de la sociedad como justicia o instituciones, llevando los conceptos a expresiones externas y extremas, visión del mundo que desplaza al racionalismo moderno ya que no tolera juicios de valor disidentes. En este esquema de pensamiento el marxismo cultural, considera la disidencia como una provocación insolente, una atrocidad mortal para los sentimientos propios generando largos conflictos de intolerancias que culminan en la violencia.

La oposición violenta a las ideas disidentes las podemos observar cada vez más en las Universidades, medios de comunicación, los cuales actúan sobre personas o grupos políticamente incorrectos para ellos, lo que deriva en una consideración gravísima ya que la intolerancia violenta hacia alguien con otra conciencia es permisible éticamente.

Esto comenzó hace ya bastantes décadas haciéndose patente a partir de los años 60 en que la izquierda la misma que fracasó políticamente, económicamente y socialmente en todo el bloque detrás del muro de Berlín, la misma que carga sobre sus hombros un grado de criminalidad inconmensurable y la misma que ha sembrado sobre el planeta cadáveres en fosas comunes tras arrancarles la vida en gulags y checas a todo opositor delatado por su policía de odio, la que abandonó los presupuestos  básicos del marxismo clásico, abrazando una forma de control social más terrible por lo sibilino y seductor, que Gramsci dio en postular para vencer en la guerra de los grandes cambios socio políticos,” Es necesaria la conquista del plano cultural, es decir, el de las creencias, el de los valores, la identidad de una sociedad”

En Europa y en América Latina y en particular en Chile, la izquierda extrema (comunistas) con la connivencia cómplice de todas las fuerzas socialdemócratas (derecha, centro y socialistas) llevan décadas socavando los cimientos grecolatinos de la sociedad occidental. Ningún país está libre de esta pandemia de autodestrucción.

Miles de individuos embebidos de una enfermiza necesidad de imponer su divina voluntad, se han ido apropiando en silencio de espacios privilegiados en los medios de comunicación, en la enseñanza de todo orden y todo aquel reducto en el que se respire cultura, entendida por tal, de acuerdo a la Unesco, como “el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad y que abarca además de las artes y las letras, los modos de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias”  y colaboran voluntariamente en la prohibición y la extinción forzosa (mediante leyes cuando es preciso) de las culturas mayoritarias imponiendo la dominación de las culturas minoritarias a través de instrumentos de corrección política (control de las ideas y de los actos ,censura, denuncia) y una producción masiva de ingeniería social tendiente a alcanzar la uniformidad social y establecer la dictadura del pensamiento único.

Feminismo, inmigración, lenguajes originarios, inclusión, pueblos originarios, medio ambiente, LGTBI, y todo tipo de minorías.

Por tanto no es extraño ver vandalizados todos los referentes artístico/culturales que embellecen las ciudades y que a juicio de la demencia colectiva de dichos grupos hay que terminar con la historia opresora de la Nación.

Así corrió suerte entre otras muchas la famosa escultura de Rebeca Matte, El Eco, cuya ruina pueden observar en la foto, publicada por el diario El Mercurio.

Que dirán ahora los jerarcas de la cultura imperante en los centros públicos pagados por todos los chilenos. ¡Nada! ya que sus secuaces parapetados tras anonimato y/o masa, sus delirios de defensores a ultranza de la verdad revelada, les hace capaces de llevar a cabo los actos más execrables (lógico no obstante, si tenemos en cuenta que entre ellos abundan gentes de la peor calaña, desde pederastas, a maltratadores, pasando por terroristas, fascistas, psicópatas y otros enfermos de ansias de poder, ladrones mentirosos, hipócritas, ególatras, etc.). Este es el marxismo cultural, la amenaza real que está destruyendo Chile.

Por eso infórmese bien antes de opinar para no cometer errores de apreciación y castigue votando Rechazo en todas las comunas donde serviles autoridades han favorecido y amparado la cultura del odio.

«El sentido moral es de gran importancia. Cuando desaparece de una Nación, toda la estructura social va al derrumbe»
Alexis Carrel

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