Hans Eben sobre efecto del Coronavirus: «Llegó la Tercera Guerra Mundial»

«Aquí veremos si los chilenos tenemos la capacidad de unirnos y coordinarnos bajo un solo objetivo de ganarle la guerra a este peligroso y mortal enemigo y, al mismo tiempo, no destruir la economía y la inversión empresarial», plantea el economista en un artículo escrito en exclusiva para El Líbero. El ex presidente de Icare subraya que en el país «el impacto económico será mayor al promedio mundial, pues lo sorprende con las defensas bajas en medio de una revolución social interna que alteró el orden público, afectando el crecimiento, la inversión y el empleo».

Cuando estamos frente a una tragedia humana es evidente que el costo del momento no es importante, pero luego viene el segundo duelo, con empresas paralizadas, sin invertir y obligadas a despidos masivos para evitar inminentes quiebras». De forma cruda describe el actual, y futuro, escenario el economista y director de empresas Hans Eben O. en un artículo escrito especialmente para El Líbero.

En su texto, el ex Presidente de Icare advierte que «este año quedará grabado en la historia como el más complejo y doloroso en la primera mitad del siglo XXI en Chile», pues se juntó el estallido del 18-O -y sus consecuencias económicas- y la pandemia del Covid-19. En medio de la crisis valora el trabajo del Ejecutivo: «Ahora el Presidente no corre detrás de la pelota como lo hizo en el primer tiempo, sino que corre donde la pelota va a estar y eso le pemitirá salvar el partido al menos, pero tiene una oportunidad única de llegar más lejos».

El coronavirus y la Tercera Guerra Mundial

La Primera Guerra Mundial de 1918 y luego la Segunda Guerra de 1940 fueron ambas devastadoras con armamento tangible, como tanques, aviones y barcos. Hoy llegó la Tercera Guerra Mundial con un enemigo invisible, intangible e intocable que se esparce rápidamente por todo el globo terrestre, sin discriminar a sus enemigos y cuya destrucción potencial es claramente superior al costo de las dos guerras tangibles anteriores. Aún no sabemos cómo combatirlo y, mientras, el mundo científico trabaja las 24 horas para encontrar el armamento capaz de eliminar a este enemigo, que se multiplica exponencialmente día a día, llevándose la vida de miles de inocentes seres humanos. En tanto, los países hacen esfuerzos gigantescos para combatirlo, aislando a la población a sus hogares para evitar que toquemos a este peligroso virus presente en el aire y en todo tipo de superficies.

Los esfuerzos de los gobiernos se concentran en evitar más pérdidas humanas, sin importar el impacto económico que ya empieza a aflorar en toda la economía global. Este año 2020, el mundo esperaba crecer 3,6% con un tamaño del PIB de US$ 98 trillones y donde Chile con US$ 300 billones representa un 0,3% de la economía global. El mundo no crecerá este año y es posible un crecimiento negativo de 1%, mientras Chile, que esperaba crecer 1%, ahora es posible que experimente una contracción de hasta un 4%.

Cuando estamos frente a una tragedia humana es evidente que el costo del momento no es importante, pero luego viene el segundo duelo, con empresas paralizadas, sin invertir y obligadas a despidos masivos para evitar inminentes quiebras. Entre tanto, los gobiernos entregan paquetes de ayuda de unos 1,7 trillones de dólares o 1,7% del PIB mundial en este año 2020 para tratar de evitar un crecimiento negativo. Una consecuencia de ello es la caída en la valorización de millones de empresas en el mundo, que se estima en un 40% en promedio.

El coronavirus ha permitido al menos que los políticos se unan todos bajo un mismo objetivo, lo que permitirá recuperar la gobernabilidad y el liderazgo que se había perdido en el primer tiempo de este Gobierno al negársele la sal y el agua.

Haciendo un zoom a Chile, vemos los efectos económicos y sus externalidades políticas y sociales. El impacto económico será mayor al promedio mundial, pues lo sorprende con las defensas bajas en medio de una revolución social interna que alteró el orden público, afectando el crecimiento, la inversión y el empleo. Sin duda que este año quedará grabado en la historia como el más complejo y doloroso en la primera mitad del siglo XXI en Chile.

El coronavirus ha permitido al menos que los políticos se unan todos bajo un mismo objetivo, lo que permitirá recuperar la gobernabilidad y el liderazgo que se había perdido en el primer tiempo de este Gobierno al negársele la sal y el agua. Al partir recién el segundo tiempo, vemos a un Presidente más empoderado y liderando la respuesta a la emergencia sanitaria. Ahora el Presidente no corre detrás de la pelota como lo hizo en el primer tiempo, sino que corre donde la pelota va a estar y eso le pemitirá salvar el partido al menos, pero tiene una oportunidad única de llegar más lejos. En los últimos minutos ha hecho importantes anuncios con medidas contundentes de mitigación del daño que este virus está produciendo en la sociedad, en sus trabajadores, y en las empresas, principalmente a las Pymes. Este plan económico de emergencia de 12 billones de dólares o casi 5% del PIB no tiene precedente y apunta al corazón de la crisis. Ahora, el objetivo es lograr que Chile controle el avance del coronavirus con el menor número de fallecidos y a una tasa menor a 2%, comparado con el peor manejo de Italia con algo así como 7% de fallecidos y seguido de muy cerca por España. Nuestro principal desafío es lograr la mejor planificación, gestión y resultados al enfrentar la entrada del invierno, mientras en el hemisferio norte entran a la primavera y el verano, períodos en los cuales el virus enfrenta un terreno menos fértil. Para lograrlo, debemos contar con la ayuda de la sociedad a través de respetar los protocolos con disciplina y rigurosidad, un bien escaso en nuestra sociedad, donde los jóvenes no tienen la disciplina requerida, aprendida a partir de guerras y crisis profundas, como sí tienen los alemanes, austríacos, suizos y muchos países caracterizados por su gran responsabilidad.

Aquí veremos si los chilenos tenemos la capacidad de unirnos y coordinarnos bajo un solo objetivo de ganarle la guerra a este peligroso y mortal enemigo y al mismo tiempo no destruir la economía y la inversión empresarial».

Nuestra curva exponencial de contagiados recién comienza con 540, pero si no respetamos y subestimamos esta guerra invisible, ciertamente la más peligrosa del siglo XX y del siglo XXI, podemos llegar a 1.8 millones de enfermos en el peak de nuestro invierno, con una mortalidad de 72 mil o 4%, la tasa promedio del hemisferio norte con un invierno que recién terminó. La estrategia y objetivo del gobierno es poder aplanar la curva exponencial desde un principio y ello requiere una coordinación y unidad de todos los estamentos de la sociedad, incluyendo a los alcaldes y los políticos, cuya agenda cambió bruscamente. Aquí veremos si los chilenos tenemos la capacidad de unirnos y coordinarnos bajo un solo objetivo de ganarle la guerra a este peligroso y mortal enemigo y al mismo tiempo no destruir la economía y la inversión empresarial, un bien fundamental para evitar el desempleo masivo que puede llegar a niveles críticos insostenibles socialmente.

El impacto económico será mayor al promedio mundial, pues lo sorprende con las defensas bajas en medio de una revolución social interna».

El mundo se ha empobrecido mucho en solo unas semanas y las bolsas así lo reflejan; en Chile es mayor aún con desvalorizaciones de empresas emblemáticas de hasta un 60% promedio. Nuestras vidas cambiarán drásticamente y volveremos a la sensatez que perdimos con un consumismo que llegó antes que la educación a una clase media que ha hecho grandes progresos en los últimos 30 años, pero que sigue siendo vulnerable. Ésta podría deslizarse por la ladera de la frustración, con un justificado temor de volver atrás después de 30 años de éxito sostenido que les permitió tener automóviles, viajes, teléfonos inteligentes, pantallas grandes y todo a crédito. Esta situación reventó el 18 de octubre, después de 6 años de bajo crecimiento económico y menores oportunidades de progreso. Ello creó una profunda frustración de aspiraciones, que culminó en el estallido social del 18 de octubre, y que desató un espiral de violencia que paralizó al país. A ello se suma ahora este enemigo invisible, el coronavirus. El gobierno tiene una tarea titánica de curar a una sociedad frustrada y que ahora enfrenta un virus sin una vacuna a la vista. La Tercera Guerra Mundial ya llegó.

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