La Caída del Tribunal Constitucional

Los comunistas y sus organizaciones de fachada, que son, por si ustedes no lo sabían, los que mandan en Chile hoy, finalmente han logrado derribar un último obstáculo para la captura del poder total para los soviets: el Tribunal Constitucional se ha rendido también al dictaminar que el proyecto que deja fuera de la posibilidad de arresto domiciliario a los Presos Políticos Militares no es discriminatorio. 

Iván Aróstica, el ministro que fuera agredido a golpes de pies y manos por activistas de DD. HH. en calle Huérfanos y apenas pudo huir para encerrarse a salvo en el edificio del TC, de nuevo resistió valientemente ante quienes mandan en Chile y votó por acoger el recurso, pero Cristián Letelier (UDI), inesperadamente, «se dio vuelta la chaqueta» al gusto de ellos, respaldando la discriminación contra los Presos Políticos Militares.

Ya el Poder Judicial está desde hace años en poder de los soviets. Vivimos bajo una dictadura judicial roja. El Congreso también. Y el tercer Poder del Estado, el Ejecutivo, se rindió el 15 de noviembre en un acto de capitulación final. Hasta el conglomerado oficialista, que yo postulo denominar  «ChileVamosEntregándonos» ya tiene a la mayoría de sus directivas (las de RN y Evópoli) dedicadas a traspasar el poder final a los soviets chilenos a través del triunfo del «Apruebo», es decir, de posibilitar la Asamblea Constituyente.

Si en estos días de clausura obligada quieren saber lo que va a pasar en Chile, vean en Netflix «Peregrinando por los Caminos del Dolor», que es la tragedia rusa explicativa de cómo los minoritarios bolcheviques que clamaban en 1917 por una Asamblea Constituyente (estén atentos al capítulo donde la demandan específicamente), terminaron imponiéndose. ¿Cómo se hizo Chávez (hoy Maduro) del poder total? Así. ¿Cómo se hizo Castro del poder total? Así. ¿Cómo se hizo Ortega del poder total? Así.

En Chile ello se evitó en 1973 porque la mayoría política democrática llamó a las fuerzas armadas «a poner término» a la captura de ese poder por los soviets locales. En ese tiempo las fuerzas armadas se guiaban por la Doctrina Schneider, según la cual ellas no debían intervenir en política, salvo que otro poder del Estado abandonara el camino constitucional. Allende lo abandonó, la mayoría política lo oficializó así y las fuerzas armadas salvaron al país y devolvieron a los civiles, 16 años después, «la joya más preciada de la corona latinoamericana» (Bill Clinton).

Ya nada del espíritu que posibilitó esa resistencia subsiste. Piñera primero la minó con su renuncia a reprimir la violencia comunista y luego la desbarató con su rendición incondicional del 15 de noviembre. Su gobierno es completamente entreguista y después que termine el paréntesis que la Patrona de Chile decretó para salvarnos transitoriamente de la violencia, ésta volverá y, caído ya el «último bastión» que sostenía el respeto a la Carta Fundamental, el Tribunal Constitucional, no habrá obstáculo para la entrega del poder total a los soviets locales.

Ya menudean los proyectos de ley inconstitucionales admitidos a tramitación en el Congreso. ¿Cómo los van a impedir si ya cayó el Tribunal Constitucional? ¿Quién va a impedir que los soviets los conviertan en leyes, empezando por el de «Cárcel para los Historiadores» que disientan de «la historia oficial»?

Aproveche de leer mi blog del 27 de marzo de 2015, con un artículo censurado por el Colegio de Abogados, desde esa fecha sumiso a los soviets, y que hoy da audiencias a las directivas de DD. HH. comunistas, pero no a delegaciones de militares en retiro que se las piden para representarle la ilegalidad de los procesos contra sus camaradas. El Colegio de Abogados, que estaba en manos de la derecha, ya se entregó hace años, cuando censuró mi artículo denunciando cómo un abogado integrante pro DC redactó un fallo en que confesaba no poder probar un delito atribuido a cuatro uniformados y un PDI (a los cuales el fallo aludía como «los sublevados») para condenarlos. «Si pongo el tema de los juicios ilegales contra militares», decía la Presidenta de derecha del Colegio, «se quiebra el Colegio.» Así «se entregó» y el Colegio no «se quebró», sino que se pasó entero, derecha entreguista incluida, al otro bando.

Es increíble cómo los países que olvidan la historia están condenados a repetirla. Pasando el coronavirus los chilenos lo vamos a volver a hacer.

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