Después de cuatro intentos el político y oscuro médico tanatólogo, miembro del Partido Socialista, Salvador Allende, llega a La Moneda en septiembre de 1970 con una coalición de partidos marxistas llamados Unidad Popular. Los grupos no marxistas de la izquierda liberal que lo acompañaban eran solo pequeñas muestras del espectro político nacional.

Caracterizado por su oratoria, como muchos de los políticos contemporáneos de su época, Allende tejió un entramado social y político con el fin de lograr su objetivo final. Ser presidente de Chile sin cuidar ni el sentido ni las consideraciones de la identidad nacional tan propias de nuestra chilenidad.

Creyó que hablando de la revolución con gusto a empanadas y vino tinto lograba llegar al corazón del pueblo.

Empanadas y vino tinto, dos ejemplos tan mal empleados para identificar el alma nacional que solo los pudo encontrar como expresión de nuestra nacionalidad y patriotismo, en alguna de las autopsias que logró hacer en su escaso ejercicio profesional en Valparaíso en algún desgraciado difunto que cayó en sus manos. Logró solo el 36% de los votos, ganándole al ex presidente Jorge Alessandri por casi 40 mil votos. Finalmente, con un pacto de garantías igual al firmado por Piñera para lograr La Paz llegó a la presidencia de Chile, apoyado en el Congreso Nacional por la Democracia Cristiana.

Ni ese pacto, ni hoy el acuerdo con Piñera se han cumplido. Allende nos condujo a una revolución socialista y Piñera, a un desorden social y caos económico y ruptura del estado de derecho, de consecuencias devastadoras.

Pues bien, lo importante de destacar es el reciente artículo publicado en Italia por el periódico Informazione Cattolica, el 26 de agosto de 2020, Corriere de sud bajo el título «Un falso mito del siglo XX: Salvador Allende un icono del progresismo”.

Cito algunos párrafos textualmente:

«Hoy, sin embargo, este mito comienza a derrumbarse, derribado por las investigaciones del filósofo y profesor de historia de la Universidad de Chile, Víctor Farías quien ha encontrado en los archivos de la ex Alemania Democrática (stasi) documentos que revelan al verdadero Allende, quien emerge como ferviente seguidor de las teorías eugenésicas al estilo nazi, hasta el punto de proponer en 1938 un proyecto de ley para esterilizar a los enfermos mentales».

“Allende fue un declarado antisemita, aceptó el acuerdo secreto entre el gobierno del Frente Popular del cual formaba parte como ministro de salud, y la Alemania nazi que incluso concedía a esta última el uso militar de una isla en el Pacífico sur para utilizarla en contra de los aliados opositores al Eje”.

“Al desenterrar documentos que demuestran una vergonzosa unión entre los socialistas chilenos y los grupos hitlerianos en su libro “Salvador Allende: Antisemitismo y Eutanasia», el profesor Farias ha suscitado una polémica internacional muy fuerte que aún no ha amainado”. Para la izquierda mundial la derrota propugnada en Chile a su intento de lograr el socialismo por la vía electoral, 50 años después todavía los tiene en shock y no lo perdonan.

“Una nueva publicación del historiador Farias, en el año 2006 «Salvador Allende: el fin de un mito”, nos sorprende con nuevas revelaciones: “Recordemos que en año1963, la República Federal de Alemania solicitó al gobierno chileno la extradición de Walter Rauff, ex oficial de las SS y responsable de múltiples crímenes de guerra, incluida la deportación de cientos de civiles milaneses a campos de exterminio en 1942. Colaborador cercano de Adolf Eichmann, Rauff fue uno de los responsables del funcionamiento de las cámaras de gas. Sin embargo, la solicitud alemana fue rechazada por el presidente Eduardo Frei Montalva (DC)”.

“En agosto de 1972, Simon Wiesenthal entregó un expediente sobre Walter Rauff al entonces presidente Salvador Allende y le suplicó que iniciara el procedimiento de extradición. Dada la afiliación política del presidente, el notorio «cazador de nazis» esperaba un gesto amistoso. Para su sorpresa, Allende no solo respondió negativamente, sino que incluso se negó a discutir el asunto».

Pero de la investigación de Víctor Farias salen a la luz otros antecedentes importantes para la discusión de hoy:

 «Allende defendió la idea de que existen factores genéticos, y por tanto raciales, que conducen a la delincuencia y a la deambulación. En particular, el futuro presidente socialista consideraba a los indios, gitanos, bohemios y judíos como «razas genéticamente predispuestas a la delincuencia»: «los judíos se caracterizan por formas específicas de delitos como el fraude, la calumnia y, sobre todo, la usura». (…) Esto nos lleva a asumir que tienen una predisposición genética a la delincuencia” 

«El joven médico [Allende] se nutrió decididamente del racismo científico más extremo de la época y sus ramificaciones en el antisemitismo, tanto que afirmó que los supuestos defectos de los judíos no son imputables, como en el caso de todos los seres humanos, con conducta y responsabilidades individuales, pero con características genéticas inmutables”.

“Por otra parte, de acuerdo con su teoría naturalista, Allende consideraba la homosexualidad como un problema exclusivamente somático y citando los experimentos de Steinach, Pézard y otros, propuso la implantación forzada de tejido testicular en el vientre de los homosexuales para “restaurar un sexo definido al paciente””. ¿Qué pensará el MOVILH y otras entidades afines, vinculadas a la izquierda?

“Como ministro de Salud durante el gobierno del Frente Popular (1937-1941), Allende confió a dos conocidos racistas, el Dr. Eduard Brücher y el Dr. Hans Betzhold, el desarrollo de un «Programa de Eugenesia» para «reivindicar las cualidades de la raza». Entre las medidas de «ingeniería sanitaria», Allende propuso la esterilización de todos los enfermos mentales. Esta esterilización habría sido impuesta por la fuerza («carácter punitivo») a través de los correspondientes «Tribunales de Esterilización»”. ¿Qué dice el Instituto de Derechos Humanos?

Pero hay más para entender el pensamiento socialista:

«El antisemitismo no es ajeno al socialismo chileno. Entrevistado por el periodista Eugenio Lira sobre sus odios más profundos, Carlos Altamirano, secretario del Partido Socialista y compañero político de Allende, declaró en términos inequívocos que guardaba su mayor resentimiento hacia Moisés, de quien la religión judía toma su nombre: «Moisés es un anciano infeliz, indefenso y amargado que no ha hecho más que traumatizar a la humanidad. (…) ¡Viejo bribón! Con los Diez Mandamientos, quitó todos los placeres de la vida. ¡Deberíamos iniciar un movimiento para enviar a Moisés al infierno!””

En este corto recorrido por el pensamiento y acciones de dos connotados socialistas a cuyos recuerdos elevados a mitos la izquierda chilena se inclina, cabe una pregunta esencial. Si hoy los seguidores de tan conspicuos idealistas, quienes rayan en los muros chilenos frases con la simbología «Allende Vive», ¿comparten de verdad sus ideales, su lucha y sus convicciones? Si es así, nuevamente, son falsos los nuevos dogmas de la teoría de género, multiculturalismo, derechos a los discapacitados, pueblos originarios, inmigración, feminismo, antirracismo, LGTB y un largo etcétera. Todos planteamientos que de una u otra manera su líder proclamó e incluso intento poner en práctica para su aniquilación.

Por otra parte, desde el punto de vista valórico, Altamirano renegaba de los 10 mandamientos, tratando a Moisés de viejo bribón, mandándolo al infierno por dar una norma moral al comportamiento del hombre: No matarás, No robarás, Honrarás padre y madre, Amarás a Dios por sobre todas las cosas y otros, son para los socialistas, según su ex secretario general, prohibición a «placeres de la vida”, una demostración más del relativismo moral; hoy, llamado deconstructivismo. Recuerden, estamos en la era del posmodernismo, cambiaron las formas no los contenidos. Ya no adoran a Marx o Lenin, pero mantienen viva la imagen de Allende.

Por eso es necesario en el contexto de lo que busca Chile, recordar la historia.

No ha habido cambios en sus seguidores, solo alteraron la estrategia y los jóvenes que gritan y se desnudan en la calle son desgraciadamente instrumentos de una máquina que los aniquilará sin tregua, de la misma forma como Allende interpretaba el comportamiento de drogadictos, homosexuales, alcohólicos y delincuentes. Taras genéticas, que hay que eliminar.

Aplaudan socialistas de Chile y regocíjense de esta gran lección de la historia; pero por favor medítenla para que sus aplausos de hoy no sean lágrimas por segunda vez para Chile.

Chilenos, reafirmen su convicción y proclamen el Rechazo.

https://www.elpaisonline.cl/columnas-new/osvaldo-rivera-riffo/1692-allende-se-derrumba-su-falsa-imagen

A %d blogueros les gusta esto: